Columna escrita por Nando Collado
El líder del partido que gobierna Cantabria ha expuesto una batería de medidas a aplicar si renueva en la presidencia. Podía haber presentado otra de cocina, con sus zanahorias flotando en agua de borraja como empleados pobres, la cebolla de la desesperanza, el ajo de la brecha social y el pimiento de la subida de impuestos. Poca legumbre que llevarse a la boca. Diego, el presidente, ha alumbrado un ratón. Un parto de los montes con 35 soluciones para beneficiar a los cántabros como la última vez. Aquélla de 2011, cuando el programa electoral se fue a la basura al día siguiente de que el jefe regional del Partido Popular ganara las elecciones por mayoría absoluta.
Diego puede anunciar no 35 medidas. Que sean 350 ó 3.500. Que va a dar igual si hace con ellas lo mismo que cuatro años atrás: una preciosa hoguera. También prometió que en cien días, los primeros de su gobierno –finales de 2011¬– serían visibles los efectos de una lustrosa gestión. Sólo unas semanas después le endiñó a Cantabria el mayor ajuste que se recuerda. No fueron cien días, sino cien noches con los vampiros disfrazados de gaviotas para succionar la esperanza.
Pero las mentiras y la combustión del programa electoral –más algunos malos modos¬– no desclasifican a Diego. Las encuestas indican que ganará el próximo 24 de mayo. Sin mayoría absoluta, pero vencerá. Y ello supone que podría repetir como presidente. Imaginen al ‘one’ del PP cántabro celebrando su victoria sobre un teleférico al ‘Monte Patraña’ o en un AVE sin un solo kilómetro en Cantabria. Y luego sueñen con más cientos de noches convertidas en pesadillas a la espera de que el pájaro negro eche a volar. Todo el mundo merece una segunda oportunidad. Sin embargo, ¿qué oportunidades han tenido los cántabros? Dicotomía vital.

