Columna escrita por Fernando Uría
Este año parece que hemos retrocedido en el tiempo y nos hemos situado en los finales de los 70. Me refiero a la abundancia de siglas políticas, de opciones de partido, de nuevas y viejas caras, de posibilidades a la hora de introducir nuestro voto en la urna. En Torrelavega se han producido pequeños “terremotos” en las diferentes candidaturas, así el PSOE optó por la convocatoria de primarias para la elección de su candidato y el resultado sorprendió a muchos, la alcaldesa y secretaria general, Lidia Ruiz salmón, resultaba perdedora y cedía la condición de candidato a José Manuel Cruz Viadero (quien había decidido abandonar el grupo municipal tras la presentación de la moción de censura contra Ildefonso Calderón).
En el Partido Popular la polémica en la candidatura llegó de la mano de la exclusión del otrora concejal Pedro Carrera, quien no aceptó de buen grado lo que consideró una traición de Ildefonso Calderón y aseguró “que no cuenten con mi voto”. Hay que añadir un error de bulto al incluir en principio en la lista al policía local Manuel Acereda y tenerle que retirar posteriormente al ser necesaria su excedencia (sacrificio que Calderón no quiso pedirle).
En las filas regionalistas la sorpresa llegó al ser elegido cabeza de cartel Javier López Estrada, en detrimento del anterior candidato Pedro Gª Carmona (quien desaparece de la lista). López Estrada se rodea de gente joven de su confianza y aspira a todo.
Y a partir de aquí comienza la “sopa de letras”. El fracaso de la “vía Gruber”, para aglutinar las opciones de izquierda, provoca que IU, EQUO y ACPT, entre otros, se presenten por separado. Además la expulsada del PSOE, Blanca Rosa Gómez Morante, lidera Torrelavega SI, UPyD, como en el resto del país, tiene tendencia a la desaparición, Podemos no tiene rostro visible en Torrelavega y Ciudadanos es una incógnita.

