Columna escrita por José Ángel San Martín
Leo al tiempo en la vieja prensa de papel y en las nuevas redes sociales que se activan las gestiones para crear un Colegio de Periodistas de Cantabria. Y me acuerdo del gran Jaume Perich, aquél humorista barcelonés que saludó en 1985 (hace 30 años) la creación del Colegio de Periodistas de Cataluña diciendo que “ya es hora de que los periodistas tengan un colegio en el que aprendan a escribir”.
El Perich era genial de condición. Y esa genética deriva muchas veces en el uso de hipérboles como la que instaló en esa mítica viñeta. La imagen perfecta de nuestro descrédito social la trazó aquel profundo gacetillero que rogó solemne: “ No le digáis a mi madre que soy periodista, ella cree que soy pianista en un burdel “. Hasta un pianista de lupanar tiene mejor prensa que un periodista.
La situación se ha agravado a partir de la irrupción del llamado “periodismo ciudadano”, tan pernicioso a efectos editoriales como el Estado Islámico a efectos sociales.
Todo quisque con un “Smartphone” o teléfono inteligente se cree ya un formidable periodista que capta con su cámara de 16 megapixeles una escena cotidiana pintoresca y la cuelga en las redes como quien cuelga una camisa recién lavada. Le añade un texto de aliño, sortea la ubicación de las comas y lo firma con nombre y dos apellidos. Qué menos!


