Columna escrita por Miguel del Río
Con Francia y con los franceses. Así es como estamos viviendo y siendo la gran mayoría de los ciudadanos, salvo los intolerantes, este difícil momento para la paz mundial y para el mantenimiento de las libertades civiles, tal y como las hemos venido conociendo hasta la fecha. Los asesinos y quienes les financian deben saber que las viejas democracias, como es el caso de Francia, han vivido ya demasiados episodios violentos en su historia como para claudicar de la Libertad, la Igualdad, la Fraternidad y el Respeto y la Paz.
Por lo que sé, estos son los valores fundamentales de la República Francesa, y no se van a mover un ápice de su puesta en práctica constante. Francia, gran ejemplo de la Unión Europea, siempre ha sido un país abierto y generoso a todas las culturas. Es más bien una nación modelo en cuanto al respeto a la ciudadanía, sus tradiciones y religiones, haciendo de la convivencia un ejemplo a seguir en todo el mundo. Ahora, todo esto ha sido puesto, una vez más, en cuestión tras este último atentado, con un número mayor de víctimas, heridos y personas que están en estos momentos en un estado crítico de salud. Una Francia teñida de sangre recuerda a sus héroes civiles, toma fuertes medidas de seguridad, incluso de cierre de fronteras y estado de excepción, pero no se alejará jamás de la defensa de esos valores, que comparte con el resto de sus socios europeos. Es verdad: el mundo atraviesa por uno de sus peores momentos, con unos escenarios bélicos que aumentan en vez de disminuir. Este es el compromiso pendiente, la paz a conseguir, sin dejar de lado la lucha contra todo tipo de terrorismo allá donde campe. Una cosa no está reñida con la otra, ni mucho menos. Los pueblos del mundo deben hablar, ahora más que nunca, un mismo lenguaje, el de la paz comprometida.


