Columna escrita por Fernando Collado
Menos mal que nos queda Cospedal, deben pensar estos días los capitostes del PP cántabro tras la intervención de la secretaria general en su reciente visita a Cantabria. Cospedal mimó a Diego, le acunó como líder, abrillantó su figura y le dibujó como el candidato a recuperar la presidencia de la región en 2019. Cabe pensar que si lo hizo tan bien, ¿por qué condujo al partido a una caída electoral sin precedentes cercanos y a la pérdida del Gobierno? Los ciudadanos piensan diferente a tenor de los resultados y, por otra parte, la negativa a analizar desde la crítica, con la complacencia y el autobombo como altavoces sordos, sólo conduce a la frustración.
El que no escucha en política argumenta a menudo para los electores del desierto. Pues así Cospedal, el líder contractual del PP cántabro y su núcleo duro de la dirección; todos, por cierto, en el país de las maravillas mientras la gente sufre (aunque no solo) por una reforma laboral indigna e indecente aprobada por el Gobierno de su partido.
Diego descarriló en mayo, y con él su formación en la comunidad autónoma. Ello se resumió en una caída de catorce puntos porcentuales y la pérdida del Ejecutivo regional a manos de Revilla. De nada sirvió la cera al purriego, tampoco los grandes eslóganes publicitarios ni las verdades a medias, que son el mejor ejemplo de la mentira. Para las personas (algunos dirigentes olvidan con el despachito que gestionan para personas) pesó mucho más el incumplimiento del programa, los recortes hacia abajo, el céntimo sanitario y el comportamiento de un presidente que no estuvo a la altura de su cargo en algunas actitudes en público: Sniace y Sierrallana pueden servir como ejemplo. Por todo ello los halagos de Cospedal golpean en bombo roto, profundizan la mentira retroactiva y atestiguan que para el 20D nada cambia.


