Columna escrita por Fernando Collado
Cerré los ojos. Iban a dar las ocho (de la tarde). Estaba en El Sardinero (el hotel) y desperté en Chicago (Illinois, EEUU). Actuaba Jimmy Barnatán a la voz y Sergio González a la guitarra. Un regato de salivilla se deslizó por la boca abierta del auditorio. Cantaba un negro en el cuerpo menudo de un blanco, a la vez que su colega, el de las seis cuerdas, cultivaba gemidos en la caja de resonancia que después expelía de manera tan sabia como técnica.
Para alguien como yo, cultivado en el ‘Highway star’ de Deep Purple o en el ‘Rock and roll’ de Lou Reed, regresar a las raíces de la música es siempre un placer. Pero no imaginé que fuera de la mano de un actor polifacético, que lo mismo interpreta sobre un plató que lo llena de magia con la desgarradora voz de sus cuerdas vocales, previo paso por el esófago, el estómago, la tráquea o de donde quiera que procediese tan hondo y sentido sonido.
Jimmy (busquen sus raíces en el Tetuán santanderino) podría haberle cantado a la luna de Peña Cabarga o a las olas que dejan a su paso las Reginas de la capital cántabra, pero prefirió no sin riesgo el blues lejano de las tierras del algodón y estilos cercanos siempre en inglés. Entre la fina tonada de los malvises del Norte y la garganta rugosa que emana del Sur, Barnatán se hace poesía con tanta seguridad y elegancia que bien podría llegar sin despeinarse al ‘Ice cream man’ de Van Halen. Y, entonces, convertirse en pintura. Yo creo que Eddie (Van Halen) pinta notas que alumbran melodías y Sammy (Hagar) las canta.
Jimmy pinta con la garganta lo que su tía, Gloria Torner, hace con las manos. Y sí, Barnatán puso un inigualable colofón al Premio a los Valores Humanos que el Club Pick entregó el pasado miércoles a la artista. Fue en el Chicago santanderino con la presencia de varias autoridades: la vicepresidenta regional, Eva; la presidenta del Parlamento, Lola; el rector de la Universidad del Atlántico, Rubén; el presidente del Club de Prensa, Miguel del Río (al que la próxima vez haremos cantar ‘Bienvenidos’, de Miguel Ríos) y la homenajeada, que dejó toda una serie de anécdotas en su intervención, y a la que presentó con maestría Pérez Castaños.


