Columna escrita por Miguel del Río
Un día cualquiera, vas paseando por una calle de Santander, y donde ves una sucursal bancaria, seguro que al día siguiente ya no está, porque ha sido desmantelada y eliminada del viejo callejero urbano que conocíamos. En las poquitas oficinas de este tipo que van quedando, si tienes la suerte de que te atienda un ser humano, tampoco te extrañe que te dirija hacia un cajero automático para que tú personalmente hagas la gestión.
Es muy fácil, te dicen. Incluso las personas mayores lo hacen ya mejor que los jóvenes, añaden. Estamos en la digitalización a las bravas; o lo tomas o lo dejas; o lo haces de esta manera, o no hay otra. Algunos bancos, sin encomendarse a nadie más que a ellos, ya solo tienen abierta su caja al público hasta las once de la mañana. Resulta terrible que la Administración no tome cartas en el asunto, porque una cosa es el progreso y otra bien distinta darte un mal servicio, máxime cuando se trata de tu dinero. Si esto pasa en las ciudades, con una falta alarmante de sucursales bancarias y cajeros automáticos, imagínemos lo que ocurre en los pequeños municipios. Cuando hablamos de la España rural, de la España vaciada, se nos llena la boca con lo mucho que falta en los pueblos. Pero cuando les quitas estos mínimos recursos que siempre tuvieron, como una simple caja de ahorros, lo que se hace es aumentar vertiginosamente la discriminación a la que sometemos a las zonas donde se produce la mayoría de alimentos que nos llevamos a la boca. Cuando la banca se defiende de que recibe más críticas de las debidas sobre sus actuaciones, tendría que pensar seriamente en el por qué. Ya es malo la impresionante cantidad de trabajadores que están prejubilando. Si no cuentas con profesionales, lo siguiente es la automatización total y que el cliente se lo haga todo por Internet, la banca on line y los citados cajeros automáticos (que escasean también en Santander de manera notable). Asumir, de entrada, que toda la población está preparada para un cambio tan súbito y radical, es cuanto menos temerario. La banca en España, con su famosa digitalización, va más rápida que otros muchos sectores. Pienso en las Administraciones, las empresas, los autónomos y sectores de la población que no tienen tan fácil el acceso a Internet y las nuevas tecnologías. Este tipo de digitalización es como decirte que, aunque te la juegues, sácate las castañas del fuego. Lo dicho, ¡tremendo!


