Columna escrita por Miguel del Río
Ada Colau no siempre la está liando con el independentismo, porque, evidentemente, hay muchas ocasiones en que una corporación municipal, como es el caso del Ayuntamiento de Barcelona, adopta medidas que son del interés general de la ciudadanía. Tal es el caso de la prohibición de abrir nuevas casas de apuestas, juegos de azar, bingos y casinos en la ciudad para, como dice su acuerdo municipal, “preservar la salud de la ciudadanía y evitar adicciones”. Nunca mejor dicho, y sin jugar con las palabras, decisiones de tanto fondo no se toman al azar.
En concreto, Barcelona, y otras ciudades deberían de hacer lo mismo, encargó en su día un estudio a la Concejalía de Salud, que se ha pronunciado en el sentido de “los impactos negativos que tienen las adicciones a las apuestas en línea y al juego patológico, sobre todo entre los más jóvenes”. Este es el quid de la cuestión, la juventud. La publicidad sobre el juego avasalla ahora en España, y esto también hace que los intereses de propagación de las apuestas sean muy amplios. Los negocios de toda la vida cierran en las ciudades y dan paso en gran medida a la apertura de casas de juego. A nada que se hagan estudios, también en Cantabria, se aprecia claramente. Porque empieza a ser habitual en muchas ciudades que sean los vecinos los que se manifiestan ante los ayuntamientos y gobiernos autonómicos, para que tomen medidas y endurezcan la instalación de este tipo de negocios. Las reivindicaciones son más que justas. Desde que no se pongan cerca de colegios, a que se corte la gran expansión que se da ahora, que además coincide con zonas urbanas donde el paro golpea especialmente. Las Administraciones, y Barcelona ha dado un primer paso, no pueden mirar hacia otro lado, ya que caer en la ludopatía es una terrible enfermedad, de la que no se sale de un día para otro. Si encima todo se pone fácil, a pedir de boca, y se mire donde se mire nos encontramos con reclamos para jugar, estamos ante un cóctel explosivo altamente perjudicial parea nuestros jóvenes. Hace unos días, escribí en El Diario Cantabria un artículo titulado “Adoctrinamientos o lo mal que hemos educado”. Cité diversos casos y maneras de adoctrinar. Pues bien: entono el mea culpa porque olvidé un adoctrinamiento muy de actualidad como es inculcar al juego. En algunos adoctrinamientos (Cataluña) llegamos tarde, pero es momento de dar el stop a otros también muy preocupantes.

