Necesita verse, reconocerse y huir de la ‘teoría de la vaca inerte’: ésa en la que una serie de poderes tiran cada cual de una pata hasta desmembrarla. Sin leche, sin carne, sin aliento. Como si lo hubiese dado todo y unos cuantos buitres llegaran al asalto. Un país que no cuenta sus muertos con rigor, con honor, está expuesto ante cualquier coyuntura, a los pies de un caballo llamado ‘Peor’. El mercadeo de los estados de alarma, con la situación sanitaria en segundo plano en algunos casos (y, por ende, las víctimas), es el paradigma de este escenario perverso y funesto, donde el ansia de poder de las esquinas, la ausencia de concepto global, y la falta de estadismo general y altura política, amenazan con deglutir las entrañas de la nación y devorar su corada.
Existe la creencia de que la muerte no tiene rasero: toca por igual las chozas de los pobres y las torres de los ricos: ‘Omni mors aequat’ (la muerte lo iguala todo). Pero ha tenido que llegar el Covid, la pezuña de políticos y adláteres de uno y otro signo, y la inconsistencia del término dignidad pronunciado por depende qué bocas, para arrastrar y hacer jirones dicha teoría. Cientos, miles, se han ido sin una mano amiga, con un frío número en una etiqueta frente a la soledad del negro túnel. Ni siquiera serán historia: solos, mal contados y sin reconocimiento.
El SCS actuará de urgencia para retirar los elementos sueltos e inestables del revestimiento del centro de salud de Medio Cudeyo
El Servicio Cántabro de Salud (SCS) actuará de urgencia para retirar los elementos sueltos e inestables con riesgo inminente de...



