Tan reputada organización internacional vela por la geografía, la conservación del medio ambiente y del patrimonio histórico. Describe los faros como “la luz que ha sido el vigía de los marineros en la oscuridad, situados en paisajes de gran belleza”. Sostengo hace tiempo que Cantabria trata con desdén su patrimonio. Ello propicia que lo mismo entidades que personas traten de justificar lo que no tiene defensa alguna, porque atenta directamente contra lo más sagrado que puede tener una sociedad: su historia y aquello que creó y edificó en momentos concretos de la misma. De tal manera, lo mismo se transforma una casona montañesa en un cubo minimalista, que se retoca el arco central de la majestuosa sede de un banco, que ahora se quiera pintar un faro que forma parte de esa riqueza costera de tanta relevancia para la Cantabria Infinita, resaltada como ejemplo mundial por la guía de viajes más prestigiosa, la Lonely Planet. Es un hecho detestable que España ha tenido siempre un flanco débil en el apoyo a la cultura y a los artistas que la representan. Pero cuando lo definido como proyecto cultural, artístico o arquitectónico, no hace otra cosa que atentar contra lo que tiene un valor sentimental para los que hemos nacido y crecido con unos edificios o monumentos a preservar, ya no hablamos de arte y sí de desapego por las raíces que nos generan precisamente las señas de identidad que nos distinguen como un gran pueblo. Después del Faro de Ajo qué será. Mejor, no dar ideas.
Fomento ejecuta la mejora de la carretera autonómica CA-610 entre Santa María de Cayón y Pomaluengo
El consejero de Fomento, Vivienda, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente, Roberto Media, ha visitado hoy las obras de mejora...



