Implementar produce implementitis cuando su uso se convierte en abuso. Esta inflamación lingüística necesita una vacuna que inmunice al 100 % de los afectados. Atañe principalmente a los políticos sin discurso o con discurso mal escrito, a los empresarios de última hornada y a ciertos líderes de opinión sin opinión propia.
Implementar es el verbo de moda. Desfila por las pasarelas del país sobre un ficticio tacón de aguja, luciendo una discutible costura sintáctica y un horrísono caminar. Antes que la implementitis, los españoles soportamos estoicamente la empatitis (inflamación de la empatía), la proactivitis (hinchazón desmesurada de lo proactivo) y la inconfundible resilentitis (abultamiento de la resiliencia).
La implementitis no responde favorablemente a ningún fármaco ni tratamiento lingüístico. Se extiende como la hiedra y deja en planta o en la unidad de críticos de la Lengua a quienes lo pronuncian. Cursa levemente al inicio, se acentúa en pocas semanas y se convierte al final en un estupefaciente. Quien recurre al verbo transitivo implementar ya no vuelve a conjugar, en su sano juicio, los arrinconados realizar, hacer, ejecutar, conseguir, crear, programar, armar, desarrollar o estructurar.
Implementar no es complementar ni suplementar. Tan solo es fardar y suplantar. Sustituir injustificadamente, a mitad de partido, al verbo goleador por un verbo casi imberbe. Dar juego a un cuatrisílabo feúcho e inmaduro y sentar en el banquillo al cerebro del equipo.
La vacuna que anuncia Pfizer -pronúnciese “faiser”- presume de inmunizar al 90 % de la población. Pero España necesita proteger al 100 % del censo de esta maldita implementitis.
Creo.
@JAngelSanMartin
Hospital Mompía abre una nueva Unidad de Pediatría integral, única en la sanidad privada de Cantabria
Hospital Mompía pone en marcha una Unidad de Pediatría con el objetivo de ofrecer una atención pediátrica integral, centrada en...



