Columna escrita por Miguel del Río
He mentado en numerosos artículos al Señor Trump, y lo que considero una política terrible, invocando lo de América para los americanos, con los consiguientes sucesos y graves altercados racistas que se produjeron en Estados Unidos durante su mandato. Puede que las personas pasen, pero también que sus políticas dejen profundas cicatrices dentro de la educación, la cultura, los trabajos, las relaciones sociales o el deporte, en lo que se refiere al racismo, que es de lo que estoy hablando.
Precisamente dentro del mundo deportivo, Donald Trump concitó gran rechazo, como consecuencia de muchas de sus declaraciones, tachadas de racistas. No cabe duda que el deporte, especialmente los más seguidos, caso del fútbol, tenis o baloncesto, tienen mucho predicamento a la hora de difundir mensajes, y cortar por lo sano cuando se pone en cuestión la igualdad o los derechos de cualquiera. En España volvemos a tener ahora el debate del racismo, por lo supuestamente ocurrido en un partido entre el Cádiz y el Valencia, llegando a abandonar este último equipo el campo de juego, al sentirse gravemente insultado uno sus jugadores. No voy a profundizar mucho más en este hecho concreto, aunque lo cierto es que el racismo repunta y vuelve a tener un excesivo protagonismo en todos los ámbitos.
La educación desde el mismo colegio, apoyada en el hogar familiar, siempre va a ser la herramienta crucial que tenemos a la hora de concienciar contra la intolerancia. Con todo, basta que un solo dirigente mundial busque la provocación en Twitter abordando temas tan sensibles, para que comprobemos como parece que siempre nos reiniciamos respecto a los viejos problemas de la humanidad, como es el racismo. Convenza más a unos que a otros, la inmediata y crítica reacción social, contraria al hecho racista que acontezca, es absolutamente necesaria. Las gradas de los terrenos de juego en el deporte están ahora vacías por el Covid. Quizás estando llenas de público se llegan a oír insultos intolerables. Cuando esto ocurre hay mucho ruido, y al poco todo se olvida. Hasta la siguiente vez que pase.

