Columna escrita por Miguel del Río
Es un disparate, pero las crisis económicas llevan aparejado que suban los precios de todos los productos, y cuando digo todos, es todos. Se nota primero en la calefacción, la electricidad, la gasolina y la cesta de la compra. A renglón seguido, hacen lo mismo el resto de productos, como los seguros, con la explicación acostumbrada de que les han subido impuestos, el coste de la vida, y eso hay que aplicárselo, lamentablemente añaden, al cliente. Parece como si a los demás no nos ocurriera lo mismo, estirando cada vez más el sueldo que percibimos, mientras lo que compramos nos cuesta cada vez más.
Hablando de sueldos. España, especialmente con los jóvenes que empiezan a trabajar, es muy rácana, y llegar a ser mileuristas resulta un éxito similar a ganar un maratón en tu pueblo. Ha tardado lo suyo, pero el propio Banco de España alerta de que estamos dejando atrás a las generaciones jóvenes en sueldos y derechos laborales, y que cuando queramos reaccionar será ya demasiado tarde. Si a esto le añadimos que jamás podrán acceder a tener vivienda propia, por ejemplo, el panorama es mucho peor de lo que se pinta desde las altas instancias económicas.
Debería ser una obligación conseguir para nuestros hijos, no ya lo que tuvimos nosotros, sino más y mejor. No habría que claudicar en este anhelo. Cambiar las cosas debería empezar por esto: por intentarlo y llevarlo a efecto. El inicio debería ser lo que valen las cosas, sus precios, y denunciar a quien sea porque, en plena crisis y escasez de dinero en las familias, no puede haber aprovechados que intenten hacer el agosto con determinados productos que encima resultan ser de primera necesidad. Siempre ha ocurrido así, pero ya es hora de denunciarlo y levantar más la voz cuando la subida de algo resulta desproporcionada e injusta. Se lo oigo a todo el mundo lo de que todo está más caro en el supermercado. También que, cuando antes llenabas el carro con una cantidad, ahora es con otra muy superior. Así que no, no es que me lo parezca solo a mí que los precios se disparan, sin que nadie haga nada.

