Columna escrita por Miguel del Río
Ya lo dijo Alfredo Pérez Rubalcaba, aquello de que en España se entierra muy bien, en referencia a que somos muy de testimonios, pero luego la realidad es bien distinta, de lo que se dice a lo que se hace. Lo anterior es aplicable al mal momento que vuelve a vivir la hostelería, cuando ya habíamos atravesado el peor trecho Covid. En cuanto nos han dado manga ancha, la hemos vuelto a liar, los jóvenes y los no tan jóvenes. Si durante la cuarentena y sucesivas olas del Coronavirus hubo algún propósito de enmienda, aquellos pensamientos de cambio han caído en saco roto. Antes a nosotros, muchos habían llegado ya a la conclusión de que somos animales de costumbres. “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” ( Albert Einstein).
Pero es que en el mal uso que hacemos de las reuniones masivas, los botellones, no respetar distancias y demás, ponemos en peligro el trabajo y sustento de muchas personas, como son las familias y trabajadores que dependen de la hostelería, y más en temporada veraniega, que debiera producir unos ingresos que hace un año que no existen. Hay que pagar muchas facturas, y con los desafortunados viajes de estudios que luego esparcen el contagio por media España, así no es posible normalidad o recuperación que valga.
Me da que muchos insensatos deben pensar hacia los que cumplimos que somos medio tontos. Hubo un tiempo en que, desconocedores del lenguaje elemental, nos llamaban psicópatas (dícese del trastorno mental que se caracteriza por la alteración del carácter o de la conducta social de una persona, pero no supone ninguna alteración de la capacidad intelectual. ¿Qué tendrá que ver esto con evitar el contagio por Covid?). De todas formas, una cosa es ser inculto, y otra bien distinta jugar con el pan de los demás, como sucede con los miles de trabajadores de la hostelería, y todos los sectores que distribuyen sus productos en bares, restaurantes, hoteles, casas rurales, etcétera. Mejor que echarse las culpas entre todos, la salida es vivir lo mejor posible, con la debida prevención, que es como se respeta a los demás.

