En España, no es ninguna novedad pronosticar veranos pletóricos respecto a viajes, turistas, ingresos y beneficios para el sector hostelero, pero sí hacerlo cuando la inflación y los precios de todo están tan disparados como hoy sucede. De repente, el calor, las playas y las sombrillas tienen como poderoso enemigo el disparatado precio de la gasolina y lo caro que se ha puesto comer y alternar. En las ciudades se nota ya mucho que hay menos vehículos circulando, y que no existe tanto problema para encontrar mesa o terraza libre en la que comer o tomarse un refrigerio. No es fácil inclinarse por si los ciudadanos están pensando ya este verano en lo que traiga el otoño, respecto a una nueva y grave crisis económica o, por contra, se dedican a disfrutar el momento y ya pensarán en lo que venga, cuando llegue.
Con esta crisis económica de 2022 hay dos conceptos que chocan, cada uno dedicado a lanzar un mensaje bien distinto. Desde los ministerios del gobierno se minimiza, mientras desde los sectores empresariales y de autónomos se magnifica. Total, que es mejor iniciar medidas respecto a la economía familiar, que es con lo que se pueden estar encontrando los datos del verano, incluido reservas y viajes que estaban previstos con anterioridad, y que finalmente se posponen. Frente a cualquier cuestión de la vida, no hay peor cosa que encontrarte con inseguridad. La subida incontrolada de todos los precios no tiene respuesta a la vista. Y los sueldos se estiran hasta donde es posible, por lo que muchos ciudadanos ya han empezado a seleccionar la cesta de la compra, en cuanto a lo que pueden o no comprar. De la gasolina, la electricidad y el gas, es mejor no hablar, pero hay que hacerlo. Las medidas europeas anunciadas a bombo y platillo no funcionan. Crece por ello la preocupación en la calle de hasta cuándo vamos a poder pagar la factura de determinados consumos básicos, en las que entra en juego poder encender la luz, poner el aire acondicionado o la calefacción, o comerse una sandía, que es la fruta que más chistes genera en este incierto verano. Llegáramos al meollo del problema que no es otro que incertidumbre a la vista.


