Mucho se debate el despoblamiento rural, denominado también la España vaciada, pero cada vez que se da un paso, como ha hecho la banca en general, es para empeorar esta situación. Los habitantes de los pueblos se marchan principalmente porque se sienten abandonados, sin oportunidades de trabajo, al igual que disfrutar de servicios e infraestructuras, como puede ser hoy mismamente Internet. Hay que reconocer que los bancos se esfuerzan en explicar el cierre masivo de sus sucursales en los pequeños municipios, aunque últimamente ya no se salvan ni las ciudades. Evidentemente es una mala publicidad hablar del hecho como abandono, fuga, y menos favorecedor es que sea principalmente la tercera edad la que se quede sin su banco o caja de toda la vida, en la que le gustaba poner la cartilla al día, que maldita la hora en que se les privó de su gusto por acudir al banco, saludar a sus trabajadores, y entregarles en mano la cartilla de ahorros para ver reflejados los últimos movimientos.
Lo de la banca no tiene marcha atrás. Son otros tiempos y hoy se hace todo mediante el móvil, que aún no hace lo de reintegrar directamente el dinero (en extinción) a los clientes. ¡Todo arreglado! Si en los pueblos ya no hay sucursales ni cajeros, se puede echar mano de la oficina de Correos, que a este paso volverá al giro postal, aparcado también por el Bizum. Pero esto, por más que se empeñe la patronal bancaria, no es tratar a todos los ciudadanos por igual. En España nos hemos pasado siete pueblos con la digitalización forzosa, permitida por el Gobierno, cuya consecuencia directa es la destrucción de servicios y puestos de trabajo en los pueblos. Más tarde podrás cerrar acuerdos hasta con la tienda de ultramarinos de la localidad, te venda y proporcione de todo, pero así solo se incrementa la confusión general en la que vivimos hoy. Los pueblos están en su derecho de clamar que existen. En este sentido, la fuga de la banca es un mazazo terminal, no suplido con que otra empresa se haga cargo de lo que es labor de un banco y de sus trabajadores, aunque, de estos últimos, cada día quedan también menos. Es lo que tiene tanto Internet.


