Medios y periodistas han venido sufriendo una travesía del desierto, desde el mismo Covid, tras él, y ahora resulta que nuestra reputación se dispara, al ser responsables de las debacles electorales de las últimas elecciones del 28 de mayo de 2023. En las noches electorales, sabido es que todos ganan y nadie pierde. Aunque he de reconocer que me he llevado sorpresa mayúscula, acompañada de cierta indignación, porque la profesión y algunos de sus más destacados exponentes seamos mentados como los culpables de determinadas derrotas.
Esto me recuerda a una vieja idea que siempre me acompaña, que todo el mundo parece entender, pero que luego no se pone en práctica desde demasiadas instituciones de gobierno. Hablo de pisar la calle. De comprobar lo que piensa realmente la gente. ¿Cómo se siente?, ¿qué problemas hay?, ¿cómo va el trabajo, el de los hijos? Nunca olvidar la economía familiar, si se llega bien o mal a fin de mes. Lo mismo hay que señalar de la cesta de la compra, de los precios, aunque por supuesto a la ciudadanía también le preocupan las leyes que se aprueban, sus fallos, y las que no se aprueban, pero se necesitan, por si acaso alguien te ocupa tu casa mientras pasas un fin de semana fuera de ella.
No digo que los medios y sus periodistas no influyan, cada vez menos en favor de Internet y las redes sociales. De lo que estoy seguro es que no somos culpables de la falta de coherencia ajena, del cambio de opiniones, de lo que se pacta y con quien. A diario, me vengo a leer no menos de seis o siete columnas de opinión en medios de tendencia muy diferente. Periodistas y escritores reflejan mayormente el sentir de ciudadanos, trabajadores, empresas, contribuyentes, pensionistas, funcionarios, familias, padres, abuelos, jóvenes, educadores, pacientes, personas con enfermedades raras, usuarios de centros de salud y hospitales, cómo te atiende la Administración, transportistas, autónomos, estudiantes… Dependiendo de la satisfacción o no de todos estos grupos, el voto lo tiene en cuenta. Desde que lo recuerdo, siempre ha sido así. Al igual que me viene ahora a la cabeza que hay veces que los medios, en especial las televisiones, pintan el país que no es. Por lo tanto, culpas, ninguna.


