Sánchez dice que España «va como una moto». Será que lleva la cilindrada de Tezanos. Es una moto inopinable: rápida, vanguardista y medio comunista. No porque la vaya a compartir -que la comparta Kevin Schwantz-, sino porque va desparramando por los arcenes gente de mala fe, empresarios traidores, élites económicas, editores conservadores, ultras de ‘a droite ‘ y toda la derechaza que no tiene derecho al botijo político. Una moto que embraga de maravilla -el embrague está en la izquierda-, en oposición al freno del PP, que está en la maneta de la derecha. También hay freno de pie que el motorista del PSOE define como el puntapié de Feijóo.
La moto de Sánchez llegó hasta Bruselas y algunos comisarios renunciaron a verla en el escaparate, lo que puso al presidente de muy mal gas. Serían los comisarios de algunas películas del oeste poco inclusivas, sin talante, quienes jamás dan un paso adelante. Gentuza que no cree en las políticas nuevas y renovables. No hay nadie más renovable que Sánchez: puede cambiar de opinión cada cinco minutos, un espécimen único. Otra cosa es que alguien opine sobre su moto, eso le disgusta. No digamos si le afean que está trucada y las ruedas son de la marca ZP 2004/11.
El caso es que él solo lo hace en su moto: vender la burra, digo. Y tiene un pasado en política -lejano y reciente- que trata de ocultar a toda costa para tapar las mataduras del jumento, pero hay algunos socios de carrera que se lo recuerdan continuamente. Es lo que tiene compartir el filtro del aire. En la otra orilla -cándidos pichones- temen que motomán Sánchez ponga polvo picapica en el mono de Feijóo durante el gran premio del lunes y llene el circuito de aceite. La escudería PP, históricamente, siempre ha tenido problemas con la elección de neumáticos.


