Me topo con una noticia que dice que, apenas hemos empezado el veraneo, y ya han muerto ahogados doce menores en playas y piscinas. Hay ciertas cuestiones en España para las que no terminamos de dar con la tecla adecuada de solución. Esto es algo que sucede cada verano, al igual que en invierno, con las nevadas intensas, se colapsan nuestros aeropuertos y carreteras. Para erradicar los ahogamientos, cada nueva temporada vacacional se repiten los mismos llamamientos, tanto a la precaución a la hora de entrar en el agua, como en extremar los cuidados por parte de quienes están a cargo de menores, ya que a nada que te descuides llega la tragedia. Lo de una historia que se repite no es cosa mía. La cifra escalofriante de 30 niños ahogados cada verano, la pone la Federación Española de Salvamiento y Socorrismo. Comentando este suceso con otra persona, apela a la fatalidad del accidente, pero cuando se trata de tantos casos, hay que considerarlo como una lacra nacional que tenemos y a la que no somos capaces de ponerle coto. Que las muertes se produzcan en playas, piscinas o colegios no habla tampoco bien de un celo a extremar, porque estamos hablando de niños. Dicho más claro: mientras se bañan no hay que perderles de vista un segundo; basta que no sea así para que nos topemos con un desagradable accidente.
Existen recomendaciones concretas que ofrecen los expertos. Van desde el bañador holgado y de color visible, a la precaución con los hinchables que se utilizan para mayor diversión. De todas, y sobre todo cuando estoy en playas, presencio muchas veces el caso omiso que se hace a las señales (bandera roja), e incluso a las indicaciones de los socorristas que, en demasiadas ocasiones, han de recalcar la peligrosidad ante la falta de obediencia de pequeños y mayores. Si las ciudades son ahora pasto de falta de urbanidad, cortesía y educación, no queramos pensar lo que puede pasar en los arenales de toda España, creyendo muchos bañistas que lo que hagan forma parte de su libertad personal. ¡Ya! Lo malo es cuando ponen en riesgo la vida de socorristas y otras personas que puedan acudir en su auxilio.


