Si digo que Carlos Alcaraz ha ganado Wimbledon y Roland Garros en el mismo año porque es murciano, porque tiene un staff diverso y porque algún tonto (me lo invento) lo ha racializado alguna vez desde la grada y ello le ha hecho sacar lo mejor que lleva dentro, usted, con buen criterio, me dirá que he perdido el juicio. Carlitos, como lo conocen en su región, gana porque, aparte de tener un don, trabaja todos los días en sesiones agotadoras, se esfuerza, mejora sus golpes buenos y pule debilidades, hace gimnasio, estudia a los rivales, sabe sufrir, desarrolla su mentalidad ganadora en un deporte intimista por individual y, finalmente, como suma de todo, vence porque es muy bueno. Alcaraz, como antes Nadal y tantos otros a lo largo de la historia, triunfa porque es muy bueno jugando al tenis. Lo demás son acicates que perfilan la personalidad, pero en el fondo y en el centro de todo está el talento.
Acepto canto en los dientes si los políticos españoles fueran muy buenos haciendo política. Pero para ello hay que tener talento. Por el contrario, muchos son maestros en dividir. En el muro del vómito que son algunas redes sociales, ciertos próceres con mando en plaza y bolsillo contante y sonante, más sus tiralevitas habituales que al final son mucho peores, ya se han encargado de trocear la Selección de fútbol, que habría ganado la Eurocopa porque tiene más descendientes de inmigrantes, porque tiene más negros, porque también hay blancos, por la alta cantidad de catalanes, por el número de vascos, porque hay algunos madrileños, porque las estrellas emergentes han superado la racialización… Sería más realista decir que por ninguna de esas razones específicamente pero por todas en su conjunto y, además, por muchas otras, entre las cuales habría que citar la más decisiva, el talento: son muy buenos jugando al fútbol. El deporte expresa cada vez más y mejor la pluralidad de esta España que nadie debería instrumentalizar desde la demagogia para llevar el agua a su molino. Mbappé no es un astro del fútbol porque nació en un suburbio de París.


