No es lo mismo opinar del turismo invasivo, cuando se padece, a verlo de lejos. Son principalmente los habitantes de Barcelona, Málaga o Mallorca quienes impulsan ahora la creación de medidas, que permitan mejor convivencia entre los quejosos (con razón) lugareños y los incontables turistas, extranjeros y nacionales, que se dan en cualquier época del año. Algunas de estas ciudades se han llenado de pegatinas y pintadas que muestran total rechazo al turismo descontrolado. Sin contar que, a nivel nacional, tras el covid, hemos convertido los desplazamientos vacacionales en una prioridad, solo en 2023 nos visitaron 85,1 millones de extranjeros, cifra brutal a soportar con los escasos recursos, en especial agua y energía, que venimos padeciendo en mayor intensidad, debido a las prolongadas sequías. Un ejemplo lo tenemos en Canarias. El pasado año recibió 16 millones de turistas, frente a los 2,2 millones de residentes fijos distribuidos en sus siete islas. Por si éramos pocos, los pisos turísticos han venido a engordar mucho más el problema, con el consiguiente cabreo vecinal. Por falta de interés o, al revés, por intereses concretos, no se termina de dar solución, en este caso regulación, a lo de los pisos turísticos, teniendo en cuenta que la mayoría de ellos son ilegales, y no pagan los correspondientes impuestos por esta actividad. Me creo que Gobiernos y ayuntamientos no tienen fácil adoptar medidas, teniendo en cuenta que el turismo supone un 12,8 de nuestro PIB, y proporciona el 12,6 por ciento de los empleos totales del país. Pero, con todo, hay ciudades españolas que toman iniciativas interesantes. Por ejemplo, San Sebastián o Sevilla. La primera solo permite grupos turísticos de 25 personas, y durante su recorrido por las zonas monumentales queda prohibido el uso de megafonía. Por su parte, la capital andaluza se plantea cobrar el acceso a su masificada Plaza de España, para dar así un respiro a los residentes del centro urbano y cultural. Mejor es esto que lo que se está haciendo en determinadas playas de Baleares. Se cuelgan falsos carteles avisando de tener cuidado con las medusas, en un intento de ahuyentar de esos arenales a los turistas extranjeros. Sea como fuere, el enfado ante la invasión turística y, de hecho, la turismofobia, han surgido ya en nuestro país para instalarse como corriente de opinión muy fuerte.
Ministro Fetén
Yo de mayor quiero ser Ministro Fetén, tirarme en plancha por las redes sociales, defecar en lo barrido y miccionar...


