Reconozco que me invade gran desanimo cada vez que salta una nueva noticia referida a gritos racistas en un campo de juego, que muy bien lo podemos resumir con decir fútbol. Vinicius, jugador del Real Madrid, llamó la atención en una reciente entrevista, de repercusión mundial, acerca de que España debe evolucionar en materia de racismo, antes de albergar el Mundial 2030, y de no conseguirlo, habría que cambiar de sede, en opinión del jugador brasileño. Fueron muchos los que salieron a contrarrestar aquellas declaraciones, negando la mayor, pero el caso es que los comportamientos racistas se están haciendo cada vez más presentes en los partidos de fútbol que se disputan cada semana en las diferentes categorías futbolísticas. LaLIga es la primera en denunciar los hechos, pero creo que las llamadas de clubs y organismos que los representan no dan el resultado deseable. ¿Cuál?, cortar de raíz. Si queremos acabar con semejantes actitudes de odio e intolerancia, absolutamente inaceptables, el Gobierno debe mostrar la decisión y contundencia necesarias para erradicar de los campos de juego la xenofobia. Estamos viendo que clausurar las zonas concretas de un estadio donde se han producido gritos racistas no tiene efecto disuasorio. Al mismo tiempo, la burocracia afecta por igual a los grandes clubs, ya que se toman su tiempo a la hora de expulsar a los socios cuya actitud violenta queda al descubierto de las cámaras de televisión. Y así no cejan las bochornosas agresiones verbales que sufren muchos jugadores, por su color, o por ser originarios de otros países, aunque sean tan españoles como usted o como yo. De aquí al Mundial de 2030 quedan años, y no creo que se nos aparte como uno de los países organizadores, junto a Portugal y Marruecos. Pero, entretanto, aquí debemos actuar con contundencia. Si hay que mejorar las leyes, hágase. Y si los clubs de fútbol han de hacer limpieza interna, caiga quien caiga, atrévanse. Quienes pensaban y defendían que estos sucesos son hechos aislados, han de reconocer su equivocación. Los clubs, bajo los auspicios de la LaLiga, el Consejo Superior de Deportes y la Federación de Fútbol, harían bien en actuar conjuntamente, todos a una, contra unos energúmenos que, ni son pocos, ni mucho menos inofensivos.
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