La trágica inundación en Valencia ha destapado la nutrida cuadra de rumiantes sin campano que coloniza las redes sociales y la extensa estabulación de políticos asnales sin alforjas desheredados de Platero, pero cargados de ufanismo y estupidez, siempre prestos y dispuestos a pescar en río revuelto. Ni a unos ni a otros los quieren ver en la zona cero de la catástrofe, solo a la gente de bien que ha ido a ayudar y al Ejército, único capaz de abrir calles y devolver cierta normalidad a una comarca que tardará en renacer.
Mientras tres voluntarios salvaban la vida a un viejo perro porteándolo en un carretillo entre el fango y la putrefacción, las redes sociales se incendiaban como se dice ahora –solo se inundaban es una metáfora aún peor– a cuenta de millares de semovientes desprovistos de campano, tipos y tipas sin denominación de origen como el vino peleón, con un nombre supuesto y la imagen de un paisaje, o quizá de Drácula, como única seña de identidad. Bulos en todas las direcciones, lo mismo que meter una caja de proyectiles en una jaula de grillos y luego prenderla fuego.
No se respeta nada, y en ello siempre está el trasfondo de la pérfida política. De los que en la equidistancia tratan de sacar partido (hay que tener el alma negra) y de aquellos que, con una inmensa responsabilidad sobre sus espaldas, quieren cargársela al enemigo. El primer responsable es Mazón, de comida con una periodista en la génesis de la catástrofe, y en paralelo Sánchez: fue más importante aprobar al día siguiente el consejo de RTVE que preparar una cumbre extraordinaria de ministros o decretar la emergencia. A partir de ahí, todos presas del pánico con una mezcla de soberbia e incompetencia que ha traído a los valencianos hasta aquí.
Ahora, en el colmo de la bajeza moral, dirán (con su coreografía al unísono) que ¡están aprobando ayudas de gran calado! La cebada por el rabo: si las administraciones, todas, hubiesen estado donde debían estar y trabajando a la par, los estragos, al menos en vidas humanas, habrían sido menores. La limpieza de ríos y barrancos y las necesarias obras hidráulicas, para otro día.


