La señora imputada llegó a Sevilla como si fuera Suzy Quatro y fue aclamada por el aprisco. Querían tocar a la estrella, porque no hay redil que se precie si no dobla la cerviz, y ella, agradecida, les devolvió el gesto con un beso y una flor. En primera fila lucían otros imputados y condenados, ahora rehabilitados (las virtudes del participio siniestro) que también recibieron la aclamación de la desahogada plebe tras la presentación que hizo un mozo de espadas, se supone que recién expulsado de la Maestranza almohadillazo mediante.
Todos esperaban al gran pastor, el gran esquilador en realidad. Pero antes llegó Don Salsas (el que todo lo sabe y marca el camino) para hablar de lealtad a los de las orejas largas y caídas. Triste fotografía que, sin embargo, fue también aclamada por cientos de ojos que seguían el péndulo (el que se clisa no sale en la foto), hasta que Don Salsas evacuó una risotada honda a propósito de los jueces, emanada quizá de la profunda Caracas. La cueva asintió y risoteó de la misma manera y, con tanta propuesta y profundidad programática, entró la gazuza. Se fueron a pastar.
El del palo se hacía esperar, así que intervinieron algunos propios y propias de relleno. El relleno, en los garbanzos, no es determinante para el cocido, pero sí necesario para que el resto de los ingredientes estén al gusto del esquilador. Intervino una señora que, aunque con rango, no hizo sombra a la estrella del rock, para decir que es perentorio acabar con el establo rival, que tiene más cabezas –no sé si cerebros-, pero que debe ser liquidado. Democracia en los pastos.
Ahora sí. Llegó el gran pastor, presentado por un chorbo como si fuera el preludio de los conciertos de Metallica con la mítica sintonía de Ennio Morricone: el bueno, el feo y el malo. Tres condiciones en una entidad (psicopática, según los rivales a aniquilar, pero efectiva y aclamada por el aprisco). No hubo nada que debatir, su sola presencia es ley y loa. Loa, loa, loa; vamos a bailar. Y se fueron tan pichis por donde vinieron meneando las caderas.


