Cuando hablamos de la muerte, pienso que hay una mayoría que se decanta porque la recuerden como una buena persona. A lo largo de su impecable trayectoria profesional, tuve la suerte de recabar de mi médico y admirado Guillermo Pombo Alles, tanto los buenos consejos para la mejor cura de mis achaques, como aceptar al tiempo sus recomendaciones para vivir mejor, y tomarme con razonable aceptación los escollos y asuntos problemáticos que, por igual, nos surgen a todos. Ahora que se ha ido, me vienen a la memoria multitud de momentos y de reflexiones que compartí con él, siempre desde el gran respeto que le profesaba, consideración que permanecerá intacta en mi memoria cuando le mencione. Utilizando una de las mejores frases de Gandhi, Pombo me inculcó que la felicidad aparece cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces está en armonía. Desde hace mucho tiempo, hasta hoy que sigo siendo columnista en prensa, creo que mi paz interior se sustenta en esta manera de ser. Guillermo gozaba de un gran prestigio dentro de la profesión médica, tanto a nivel regional como nacional. Pero también merece ser reconocido como el doctor de muchos periodistas integrados en la Asociación de la Prensa de Cantabria. Junto a nosotros y los medios en los que hemos trabajado y conocía, ha compartido momentos trascendentes del periodismo, dejando por mi parte claro que el actual nada tiene que ver con el desarrollado a lo largo del siglo XX, especialmente en su último tramo de los años 80 y 90. Me quedo con aquel. El Sistema Nacional de Salud nos dispensa la debida asistencia de profesionales y medios. Pero cuando pierdes a tu médico de cabecera, y no me refiero a la denominación sanitaria, y sí a que es para ti una referencia de la medicina, además de magnífico ser humano, te quedas un tanto huérfano. Vivió entregado a sus pacientes, muchos de los cuales, como yo, le consideraban amigo. Hace años que le echo de menos, ya que la enfermedad le apartó definitivamente de las consultas. Su legado no terminó ahí. Lo hablamos en ocasiones al referirnos al último adiós, que queremos ser recordados como buenas personas. Guillermo Pombo Alles está al principio de esta lista, en el cuadro de honor. Como de mi forma de pensar él fue también un guía, dejo aquí escrito que seguiré honrando tanto su nombre como los buenos consejos que siempre dispensó.
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