Lo raro hubiera sido que Cantabria saliera bien parada en el informe sobre el estado de las carreteras de ámbito y competencia estatal. En esta 21 edición del Mapa de Riesgo tampoco ha podido ser, y resulta que superamos la media nacional en tramos peligrosos. ¿Novedad?, ninguna. Y no lo es porque hablar de Cantabria y su déficit en comunicaciones, se trate de vías de circulación, trenes, marítimas o aéreas, es lo habitual. Pero luego está la buena conservación de lo que tenemos, y de ahí deriva la mayor y mejor seguridad para nuestros conductores. El lector ya sabe por otros artículos, que no estamos viviendo precisamente el mejor momento, debido a las cifras de accidentes mortales que se han producido en poco tiempo. En el inicio de este nuevo año seguimos la mala racha. Hay que ir de lleno contra las imprudencias, sin dejar nunca de intentar erradicarlas. Dicho esto, sobre todo el Estado, pero también las comunidades autónomas, deben intentar contar con vías de circulación realmente cuidadas. En asuntos de seguridad vial, el mantenimiento de carreteras resulta absolutamente vital. Moverme mucho por toda Cantabria avala decir que el mantenimiento periódico de la Red de Carreteras del Estado deja mucho que desear. Históricamente, ya tenemos que soportar que se tarde un promedio de veinte años en concluir un tramo de autovía. Pero resulta inadmisible que a esto se añade un notorio desdén hacia el asfaltado y pintado de muchos tramos peligrosos. Como era de esperar, Cantabria no mejora posiciones en cada estudio que se hace sobre estado de sus vías principales. Lo cierto es que empeoran en todo el país, lo que pone de manifiesto que no se da la debida inversión. Hace tiempo que existe el debate (y planes que aún no interesa dar a conocer), sobre si es el Gobierno el que debe responsabilizarse de esta cuestión, o hay que crear un nuevo impuesto específico para cuidar de las carreteras. Ya sería el colmo. Son demasiados años ya los que llevo viendo dejadez en la materia, como para mostrar optimismo. Así es: no albergo esperanza alguna de que, en algún nuevo estudio sobre la situación de las carreteras españolas, aparezca que las de Cantabria están entre las mejores y más seguras.
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