Europa no vive su mejor momento. De ello se encargan, a partes iguales, Donald Trump y Vladimir Putin. Tampoco es que la Comisión Europea, como Gobierno de la UE que es, sepa hacer entender su política, tanto dentro como fuera del viejo continente. El euroescepticismo fue la antesala de la actual eurofobia. Antieuropeísmo siempre ha habido, acompañando el mismísimo nacimiento y discurrir de aquella Comunidad Económica Europea creada en 1957. Luego se llamaría Comunidad Europea, hasta la actual Unión Europea, en la que se integran 27 países, desde España a Croacia, Letonia o Lituania. Pero este es el meollo. Si le preguntas a un ciudadano que anda por la calle que te diga seguidos todos los socios de la Unión, me inclino porque no lo sepa. Pasa como con los ministros actuales de España. El viejo problema de Europa ha sido precisamente este, el sentir. Del sentimiento a conocer, y de conocer nuestro entorno, mostrar siempre unidad y verdadera fuerza conjunta para solucionar los problemas que hoy nos devoran, como la inmigración. Con lo de Ucrania, y el rapapolvo de Trump a Zelenski, en Bruselas no sobran luces que nos guíen por buen camino. La historia nos demuestra que cada vez que hemos entrado en crisis profunda, solo hemos salido reforzados haciendo más Europa. Dicho de otra manera, es hora de reformas de gran calado. En las cumbres políticas solo están los mandatarios que representan a los diferentes países, pero hacer valer ahora que somos europeos es ya otra cuestión. Estados Unidos ya no mira bien a la UE, y Rusia va a ser siempre un problema en lo querer ampliar sus fronteras. Los jóvenes europeos no están duchos en todo esto. Tampoco les hemos mostrado lo suficiente lo de sentir la bandera azul con estrellas amarillas que representan los ideales de unidad de la UE. Nuestra gran debilidad es que Estados Unidos y Rusia sienten los colores (patriotismo), y nosotros no. La agenda principal europea debe recobrar la fuerza y el auto respeto que nunca debimos perder. Para eso tenemos una Comisión y un Parlamento Europeo. Combatir la eurofobia creciente va a acarrear decisiones de gran trascendencia, es decir, una unión verdadera en todos los conceptos: política, economía, leyes, ejército, inmigración y hacer frente a los nacionalismos que nos debilitan.
El vocalista de Boney M.
La gente al otro lado del muro -tan maleducada- no valora ni asume las bondades que Sánchez sirve tacita a...



