El 7 de marzo de este año leo esto: “El personal sanitario sufrió 274 agresiones en 2024 y hubo 62 expedientes de sanción en Cantabria”, y el 18 de marzo esto otro: “Nuevo ataque contra el personal médico en un centro de salud de Santander: Amenaza a dos facultativas por no recetarle la medicación que quería”. Con solo dos titulares, la historia no está contada, ni por asomo resuelta. Se entienden perfectamente las quejas y reclamaciones que presentan estos profesionales, así como las de sus representantes en el ámbito de colegios o sindicatos. El problema es terrible, porque la mala educación y, más allá, la intolerancia, se muestran en casi todos los ámbitos. Nadie lo corta, empezando por el Gobierno, que es el que más y mejor debería representar modos, maneras y conductas. Se habla de que la ética y los valores están en la cuerda floja. No quiero exagerar, porque siempre quedará Séneca para recordarnos que a través de lo áspero se llega a las estrellas. Desde que el filósofo griego murió, la civilización ha cambiado mucho. Unas épocas a mejor y otras, a peor. Los de ahora son malos tiempos para todo. No interesa que cunda el buen ejemplo, y nadie mueve ficha para hacerlo realidad diaria. Por si fuera poco, cuando hablan y actúan los máximos mandatarios mundiales, la perplejidad le invade a uno, lo que suscita ganas de meterse en casa para no volver a salir jamás. De todas formas, y como decía Víctor Hugo, el sentido común no es producto de la educación. Si estás en Urgencias del Hospital Valdecilla, o a la espera de que te atiendan dentro de un centro de salud, lo que debes hacer es comportarte. Si no es así, es que no mereces esa atención médica o sanitaria, que te ofrecen unos profesionales que ya tienen bastante con la responsabilidad que supone la tarea que ejercen. Luego, les voy a decir otra cosa. Los ciudadanos que en un momento dado estamos en esas dependencias sanitarias, al detectar la mala actitud de un intolerante, debemos mostrarle un claro rechazo. Alguien pensará que muchas veces te metes en medio de un lio, y el que sale escaldado eres tú. Pues mala suerte, mira. Pero hay que dar la cara por nuestros médicos, enfermeras, celadores y administrativos. Tolerancia cero a estas agresiones.
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