El Ejecutivo no gestiona, solo decide sobre sus cambios de parecer, los de Sánchez concretamente. No es descartable que, en una eventual crisis de gobierno, el presidente instaure el Ministerio del Cambio de Opinión: hoy sí, mañana no, pasado puede. En este zigzagueo opinativo (de tiovivo), Interior compró una cantidad ingente de balas a Israel, lo publicó en el BOE y, en la línea de otras tantas ocasiones, dio marcha atrás para envainar la decisión previa amenaza de sus socios comunistas. Pero puede ser cualquiera el que tuerza la voluntad de Sánchez, solo tiene que tener el suficiente peso (a veces pluma) para que éste vea acosada su permanencia en Moncloa. El presidente no gobierna en el sentido estricto, lo que hace es enumerar una serie de principios diarios e irrenunciables que irá cambiando al estilo Groucho Marx.
El Consejo de Ministros es un camarote, con ideas dispersas por aquí, trastos por allá y el Botón Rojo del cambio de opinión. Cuando a Sánchez se le alborota la jaula, lo pulsa y se hace un silencio sepulcral-socialista que preludia la decisión cambiante del líder, y que suele ser como el discurrir de la carrera de un conejo a campo abierto: nadie sabe hacia dónde dará el siguiente salto. Raudo y veloz, en realidad se trata de un Gobierno bala en cuanto al discurso rectificativo, lo ejecuta de manera fulminante hasta el punto de dejar en fuera de juego (semiautomático) a los propios ministros, en este caso de las balas a Marlaska que, con cara también semiautomática, asume que el que manda es el botón, todo con tal de no dimitir, porque es sabido que eso en el camarote gubernamental es un nombre ruso.
El Gobierno bala del cambio centelleante de opinión es también rápido a la hora de balar. Da balidos al unísono, en ocasiones con música y con un estribillo que promete para Eurovisión: be be be, y así hasta que Sánchez, o su hermano, paren la melodía. Siempre hay que encontrar a un experto de los virajes para ejecutar con éxito este sucedáneo de política, y si no sabe de dónde viene, adónde va ni dónde trabaja, mucho mejor, porque es más sencillo pulsar el Botón Rojo, que no es un grupo de heavy metal aunque la ministra de Educación y portavoz de la jaula de grillos lo crea. El Gobierno bala, bala: da balidos de vértigo.