Desde aquella portada de Scorpions de 1982 en la que un chorbo soportaba un blackout con dos tenedores retorcidos en los ojos, no habíamos sufrido algo tan grave como el apagón que puso a España contra las cuerdas durante horas, aunque el Gobierno lo venda como si fuera el corro de la patata porque una estantería de tontos se pusieron a jugar al pañuelito o al hijoputa, esa disciplina de naipes en la que hay que seguir el palo. Y por ese palo fue el Ejecutivo, en tauromaquia por ese pitón, haciendo ver a los despistados del escaparate y a los cándidos de la imbecilidad que, cuando no hay luz, España se lo pasa de puta madre con chorraditas y charlas de taberna. Lanzan el hueso y hay quien lo muerde, los mellados del voto. Sánchez promociona odontólogos cuando hacen falta oftalmólogos.
Entre la conga, la cadeneta, el escondite y una partida de brisca en mitad de la plaza del pueblo con la brisa progresista en la cara, Sánchez fisgaba el grado de tontuna del personal y tomaba apuntes para la rueda de prensa en la que no iba a decir nada sobre las razones del blackout -todavía lo desconoce o eso dice-, pero sí a cerca del impoluto grado de civismo de la España tolerante, de su grandeza a la hora de quedarse a ciegas, del progresismo de la base social, de lo bien que se orienta la gente tanteando las paredes y de haber recuperado las charlas vecinales de a la vuelta de la esquina, entre otras bondades del apagón que ha puesto a España a la cabeza de saber mirar a oscuras, como si todos nos hubiésemos maquillado con hulla.
Como Sánchez de maquillar sabe un rato (le ha dado chapapote a su programa para pegar mil toneladas de ladrillos y tiene a todos sus ministros cantando la célebre sombra aquí y sombra allá), anda estos días como un mono con una guillette explicando y desmintiendo teorías para no llegar a ningun parte, que parece ser el fin último de la investigación. No hay nada mejor que un escándalo o varios nuevos para sedimentar el anterior: por ejemplo, los trenes que no salen nunca o los mensajes cariñosos con Ábalos. Con este presidente nunca se sabe, lo mismo mañana detienen a un senderista que pisó el enchufe de un molino eólico y es el responsable de haber puesto a todo el país en negro. Sánchez busca a un gilivatios, y quizá lo encuentre.



