La crítica internacional hacia España llega también de la mano de La Vuelta Ciclista, que en la edición de este año ha sido un fiasco, principalmente por mezclar política y deporte, algo que históricamente nunca ha sido buena idea. Parecía una asignatura superada, pero todo se ha ido al garete, con el punto de mira puesto en las protestas propalestina, que se han dado en un acontecimiento deportivo, hasta destrozarlo. Ponerse hoy del lado de la verdad es tarea complicada, con tanta manipulación como hay, lo que no impide condenar todo lo que está perpetrando Israel en Gaza. Para quienes optan por la palabrería, boicoteando de paso a cientos de ciclistas, les recomiendo la lectura de un artículo que recientemente escribí en El Diario Cantabria, titulado “Las colas de la muerte en Gaza mientras esperas comida y agua”. Lo consumado con La Vuelta supone un precedente peligrosísimo. Sí, porque hoy son los ciclistas, pero mañana puede ser otro deporte cualquiera el que se vea involucrado. El Gobierno bien podría hacer una encuesta de lo que piensan los españoles sobre lo acontecido. Creo que no les gustaría el resultado. Tampoco olvidemos el papel jugado en este caso por determinados medios, que también deberían escuchar a lectores y televidentes, para darse cuenta que para apoyar una causa no hay que llegar al extremo de cargarse un acontecimiento deportivo de fama internacional, en el que están involucrados cientos de trabajadores, organizadores, patrocinadores y países. Por eso la opinión exterior hacia España no es buena. Estamos en boca de otros Gobiernos, que ven ya con preocupación lo que aquí sucede, y esto de La Vuelta es un episodio más. Lo que está haciendo Israel en Gaza merece decisiones valientes por parte de la ONU (ya lo declara genocidio), la tibia Unión Europea, más Estados Unidos, Rusia y China, que son los que mandan. Lo de La Vuelta no arregla nada, pero enfada a nuestros deportistas, que ven como regresa lo de enredar política y deporte. Quiero finalizar con algo que dije en el citado artículo que escribí de Israel: “Sobre Gaza y sus habitantes caen todas las desgracias juntas, y el mundo civilizado lo tolera. Está visto que este baño de sangre no se para con frases, y sí con iniciativas diplomáticas de fuerza, que hagan recapacitar a Israel y lo que humanitariamente está perpetrando”.
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