La caja más notable que tienen que despejar en ‘le petit psoe’ contractual es la ovina. La otra corresponde al terreno de la prueba judicial. Sánchez trabaja desde hace tiempo para sí y por si… Primero, para desembarazarse de los tambores judiciales que le rodean y, en segundo lugar, en la escena condicional: generar un caldo de cultivo al estilo sopa prisa que le permita sacar el cuello en las encuestas de verdad, ver la luz al final de las togas y convocar elecciones en el mejor momento. Esto lo sabe hacer, ya lo demostró la última vez. Para ello cuenta con una guardia pretoriana, los perforadores del 78 y un establo.
Nada sin el establo: el triunfo del ovinismo. Que se resume en cómo inventar cualquier cosa desde el área presidencial para tapar lo obvio y que eso sea aprobado por el aprisco aplaudiendo con las orejas gachas. Tristes y flácidas, pero en escorzo. Jamás se había visto un repiqueteo igual de los apéndices auditivos como cuando el líder de este ‘petit psoe’ propone algo, aunque sea una estupidez. Será una estupidez de matrícula o una memez cum laude, porque todos siguen el tañir del campano sin gorgutir a imagen de los lanados y lanadas en los pastos. Da gusto ver la fila de a uno. Hoy será el muy necesario debate sobre el cambio de hora y mañana algo quizÁ en torno a la aparición de mosquitos en Islandia que, como todo el mundo sabe, han sido llevados por Franco hasta allí en cajas distintas a la b y a la beeeeee!
A la estabulación no se le pregunta ni se le consulta, acepta por su condición. La guardia pretoriana se entera de las cosas el día anterior y se pliega a los cambios de opinión para conservar la merienda. Son los perforadores quienes en realidad sacan tajada y siempre para sus cuadras secesionistas. Da igual la porción de estiércol que tenga que zamparse ese día el consejo ministerial: los orinan de arriba a abajo y asumen que llueve. Sánchez tiene un plan, y es cambiar de opinión a cada paso, como con los autónomos. Si le gusta al minifundio, bien. Y si no, alfalfa y media.



