No creo que haya lector que aprecie exagerado el título de este artículo porque, sencillamente, lo de familias asfixiadas por el aumento de los precios es ya la realidad diaria que se vive en cualquier punto del país. Antes de ponerme a escribir, tenía en mente esta noticia concreta: “El apagón multiplica la factura de la luz de las familias españolas, y se sitúa ya entre las más caras de Europa”. Y zanja: “El recibo sube casi un 17% desde hace un año, y el usuario medio paga 84 euros al mes, 12,64 euros más que hace un año”. Se abordan las energías esenciales que utilizamos, pero no podemos solo ceñirnos a la electricidad, ya que la variación de precios al alza ataña a casi todos los productos que de habitual consumimos o compramos. Les voy a poner muy claros ejemplos, uno tras otro. El caso del que más se puede hablar en la calle tiene que ver con la subida, en un 33%, del precio de los huevos medianos. No se queda atrás el plátano de Canarias, con una elevación del 36%. Las naranjas y los limones también están disparados, convirtiéndose en alimentos prohibitivos por una subida del 33%. Bate récord, con un 54%, el café molido para mezclar. ¿Y qué decirles del chocolate con leche, que tanto gusta a pequeños y mayores?, pues que su precio ha tirado para arriba en un 29%. Y así, suma y sigue, porque no es que todo aumente cada mes; es así cada poco, y ya verán lo que sucederá con la inminente llegada de la Navidad. No piensen que me olvido del pollo, la carne o el pescado. Este último ya no se ve en muchos hogares, ¿por qué? Porque no pueden pagar los precios que marcan el bacalao, la merluza, el salmón o las almejas. El problema de España con los precios se puede catalogar ya de catastrófico. Lo más lamentable es que nadie pone freno a esta situación, que nos tiene a todos cabreados, pero no se levanta la voz contra lo que hay y lo que viene. Con esto último, lo que quiero decir es que, si desde el año 2023 estamos viviendo así, nada nos asegura que el 2026 cambiará a mejor. Al principio de esta crisis de precios se echaba la culpa a la Guerra de Ucrania. Parecía que todo en el mundo lo producía el país invadido por Rusia. Hoy ya nadie cree esta patraña. En cambio, algunos listillos se han acomodado en hacer el agosto a diario, a costa de que muchos ciudadanos ya no puedan permitirse comprar determinados alimentos que siempre consumían.
El vocalista de Boney M.
La gente al otro lado del muro -tan maleducada- no valora ni asume las bondades que Sánchez sirve tacita a...



