Es posible que algún exalto cargo monclovita de bragueta baja que izar en los morros de sus subordinadas preferiría cambiar el prefijo del sustantivo del titular para después escenificar con lujo de detalles una fellatio veraniega como quien circunda un helado en una tórrida tarde de junio. Pero no ha llegado hasta aquí el occipucio para ser solapado por presuntas guarrerías de un mandamás cualquiera, sino para preguntar por qué la política prometida, de verdad y decencia, que el Gobierno anunció en la censura a Rajoy ha sufrido un cortocircuito tan aplastante que ya da igual hacia dónde mueva la cabeza porque las vértebras que la conectan con el resto del cuerpo a través del cuello están rotas.
¿Por qué el presidente pasó de ensalzar a Cerdán y Ábalos cuando se les empezó a investigar a cortarles el grifo de su amistad como apestados sin que esa peste, al parecer, hubiese esparcido antes sus efluvios en el habitáculo del Peugeot, en el partido o en el Gobierno? Montero la socialista tiene una teoría: tu vecino puede estar haciendo cosas de las que no tienes ni idea. ¡Qué gran estupidez! Si el PSOE y el Gobierno son comunidades de vecinos (parece que no con ventanas a la calle) estaría bien que la ministra indicara a quién se le ha encomendado la gestoría. Aunque sea una gestión de estupideces, bobadas e indecencias.
¿Por qué el presidente avala a un fiscal condenado. Por qué llega a acuerdos con independentistas que luego incumple. Por qué gobierna sin el apoyo del Parlamento. Por qué no convoca elecciones. Por qué Bildu parece siempre satisfecho. Por qué se olvidó de detener a Puigdemont. Por qué amnistió contra su propia palabra. Por qué los indultos. Por qué cede y cede a Cataluña mientras otros pagan. Por qué la imputación de su esposa y su hermano. Por qué el cambio de política en el Sáhara. Por qué tanta timidez en Caracas. Por qué ZP. Por qué la alianza con el eje chino y la ruptura con EEUU. Por qué no lo explica todo? Ya: demasiadas preguntas para un occipucio roto.


