El próximo Festival de Eurovisión se celebrará en Viena, “Ciudad de la Música”, por herencia de Mozart, Beethoven, Haydn y Schubert. Hay 34 países semifinalistas para la edición de 2026, y España, que participaba desde 1961, no lo hará por vez primera, al competir Israel en el certamen. Nos siguen en esta decisión otras grandes potencias de gran influencia geopolítica mundial (es ironía, claro), como Irlanda, Países Bajos, Eslovenia o Islandia. Los gigantes de Europa, como Reino Unido, Francia, Alemania o Italia, sí estarán presentes. Pero resulta que Radio Televisión Española (RTVE), dirigida por un señor llamado José Pablo López Sánchez, ha tomado la decisión de no acudir, sin tener en cuenta a los miles de fans españoles que tiene Eurovisión. Baste recordar que la 1 de TVE batió en 2025 su récord de audiencia por este festival, el más seguido en 17 años, con un número de espectadores que superó los 6 millones. Primero fue el boicot a La Vuelta y sus ciclistas, ahora es Eurovisión. El Gobierno tiene tendencia a mezclar política con todo, y a causa de ello se debe el gran daño infringido al prestigio y la reputación de la televisión pública. Se habla mucho hoy en día de regeneración democrática. El Gobierno es el primero en entonarlo. Pero si en España hay una cuestión pendiente de cambio radical, esa es la independencia de los medios de comunicación públicos, en especial la televisión, que debería estar salvaguardada por una ley bien clara, que impidiera desde el punto de vista legal todo lo que se está perpetrando actualmente. Mientras determinados dirigentes de dicha televisión exageran audiencias, y pagan sueldos millonarios por profesionales y programas que no lo valen, no es raro escuchar decir a los ciudadanos que ya no ven la tele. Sienten aversión a tanta falta de rigor informativo, como en varias ocasiones, sin ser escuchados, ha hecho el Consejo de Informativos de TVE, o profesionales de gran prestigio que trabajaron en la casa y rechazan la facilidad con que se altera la realidad a conveniencia. Lo de Eurovisión poco tiene que ver con Israel, ahora que hay una reciente paz firmada, y mucho con una campaña política ya abierta, y solo pendiente de día para votar. Frente a ese futuro electoral, esperemos el nacimiento de una nueva ley, que impida manipulación desde medios de titularidad pública.
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