Hemos entrado en 2026, pero la resaca económica de la Navidad, y todo lo que hemos gastado (más que nunca), va a durar buena parte de este nuevo año. La Asociación Española de Consumidores avisa que decir adiós al 2025 ha salido por una media de 1.300 € por persona. La cifra supera muchos sueldos y arroja la conclusión de vivir por todo lo alto, aunque muchos no puedan, lo que se resume solo de una única manera: endeudarse aún más. Lo de España con los precios disparados en todo, asumirlos sin rechistar, y encima gastar más de lo debido, no tiene explicación coherente. Todo esto de ser el mejor país del mundo para vivir es tan solo un espejismo, que tarde o temprano pagaremos caro, ya que llegarán las vacas flacas, y muchas economías familiares no podrán afrontar la situación que pueda sobrevenir, fruto de un mundo tan inestable como el que propicia principalmente Donald Trump. En los últimos años se ha trasladado desde diferentes organismos estatales y bancarios que el ahorro en los hogares españoles crecía o, cuanto menos, se estabilizaba. No seré yo quien lo ponga en duda, pero no es menos cierto que el alza vertiginosa de precios, en la gran mayoría de productos, y especialmente la comida, se ha cargado aquella buena tendencia a guardar cada mes un poquito de dinero. En la calle, y con bares y restaurantes llenos, desde luego no se aprecia preocupación alguna, aunque cosa distinta es de dónde pueda salir el dinero para el ocio, y me refiero a las tarjetas de crédito y préstamos personales, tanto para afrontar unas Navidades, como las vacaciones de Semana Santa o verano. En el cierre de 2025, bien triste resulta que se hable de la Nochebuena, Navidad y Nochevieja más caras en nuestra historia. Pero que nos quiten lo bailao. Se ha disfrutado y gastado de lo lindo, incluso tirado la casa por la ventana en comidas, cenas, desplazamientos y regalos, que es la manera de vivir y actuar en esta parte de Europa. Ya tenemos también nuevo récord económico con respecto a unas Navidades. No les voy a decir más, porque aquí, con determinadas cuestiones, no aprendemos nunca. Lo triste es que tanto derroche lo pasamos de una generación a otra, como si nada. Aquí no se inmuta nadie.
Pedrito, dime los golfos de España. ¿Todos?
Hubo un tiempo que en la escuela sabíamos de memoria los ríos, los grandes picos y los cabos de España....


