Botillo mediante, salió Sánchez en Ponferrada para ponderarse y proclamar que España va como un pepino y él la seguirá pastoreando hasta 2027 y más allá. El que tiene hambre sueña quesadas y se limpia el morro con las encuestas de los pseudomedios. Sánchez ha debido llegar a la conclusión de que el muro, tal y como lo previó, se queda corto y ha puesto otro encima para preservarse, aislar a la democracia de la fachosfera y dar un puntapié hacia campo contrario a los Ábalos y Koldos de la vida: una patada en el tafanario del Peugeot. Guerra también, por consiguiente, contra la Abalosfera, la Koldosfera, la Cerdanera y cualquier sufijo que le ponga de los nervios, aunque hasta hace un par de telediarios comiera la tortilla con ellos en la campiña ibérica entre chistes, planes, panes y bota de vino.
Nadie en la izquierda será capaz de multiplicar los panes y los peces como el mesías de la socialdemocracia. Ahí está Rufián en la intentona de unir lo que no quiere unirse; ahí Yolanda, como el tren de Arganda que pita más que anda; y ahí Podemos, que del presente pasó al pretérito imperfecto y no dudaría ahora, según palabras de su líder, en promover a una tertuliana de combate para que aglutine la lucha del pueblo contra los franquistas que hay todos los días en la cola del ultramarinos. Conviene abundar: lo más seguro es que la persona que usted se cruza ahora mismo en la acera sea algún franquista disfrazado para la ocasión. Por cierto, Franco era también un experto en muros.
Así que con tamaña competencia -y tan lúcida- en su flanco izquierdo, el mesías lo tiene muy fácil para rascarse esas cándidas pulgas -que al tiempo le cepillan el traje y le recogen el dobladillo del pantalón- para dedicarse después a lo importante: frenar las hordas de fachas que atestan España, erradicar los bulos y meter una chupona de aguas fecales donde proceda para limpiar el fango de la ultraderecha. Qué tiempos aquéllos en que las derechonas catalana y vasca eran progresistas. Es el puto amo. Pero del escorzo en tirabuzón.


