Me han caído encima unas cuantas granizadas desde entonces, pero recuerdo aquel día de EGB en que la clase de ciencias de la naturaleza la dio una pitón. Tiempo después supimos que se había zampado a la profesora (pequeño detalle). Con la viperina retraída, la señorita Pitón explicó con todo detenimiento el cuidado extremo que había de tenerse con los ratones, las liebres y las crías del ganado, mientras con un mondadientes expulsaba de su pútrida boca los restos del último cabritillo que había devorado. «Haced lo que digo, no lo que veáis que hago», resumió el ofidio mientras miraba con ojos golosos al niño de la primera fila: tierno, rechoncho y con dos circunferencias rojas en los papos.
Medio siglo después he visto en televisión al heredero más fiel de aquella serpiente: el pitoniso. Desmejorado, faz surcada como los personajes de Leone e ideología escalena -todos los lados desiguales y a conveniencia-, Míster Pitoniso ha vaticinado que el mal hispánico no es la carestía de la vida, no el paro juvenil o el enmascarado por los discontinuos, no la vivienda, no la inseguridad que campa ya en grandes ciudades, no la corrupción perimetral, no las mentiras, no la deslealtad, no la falta de documento económico anual, no los trenes, no la posición internacional modelo chisgarabís, no la inestabilidad política, no el entreguismo a los enemigos de la Constitución. ¡No! El gran enemigo es el odio mal escrito, el que se embosca tras las esquinas, llega raudo con el viento y retuerce la convivencia. Lo anterior son minucias, bulos y fango en el que se reboza la anaconda de la ultraderecha: el tiranosaurio del comunismo sigue cómodo en la habitación con el palillo entre los dientes.
Míster Pitoniso está que se sale. O se sale porque está: ninguno de sus colegas tiene dídimos suficientes para darle un puntapié. En realidad, rascan el suave torso del cocodrilo, que es lo mismo que limpiarle el pañal a quienes fueron sus amigos y pisaron trena. Cualquier día diserta una hiena y la nombran jefa de pastos y carroñas.
Sánchez ojos azules
Sánchez dirá mañana que tiene los ojos azules de Fonda o los verdes de Bronson y sus arrodillados, palmeros (de...


