Tengo que intentar escribir un gran artículo. A fin de cuentas, es lo que pretendía conseguir leyendo a diario la columna de Raúl del Pozo, único e irrepetible en el oficio de periodista. Si hoy ser columnista en medios serios (pocos quedan), se ha convertido en una práctica de riesgo, lo que sigue es que nadie quiera dedicarse a tal menester, con lo que estamos sin relevos que valga la pena leer o escuchar. Para que una sociedad se comporte de manera democrática, tolerante y solidaria, que ante todo busque el bien común, ha de estar higienizada, y aquí entran los pensamientos que hacen frente a Gobiernos, sus malas prácticas, a la corrupción, la incompetencia, injusticias, guerras y, llegáramos, combatir a Donald Trump, que es el más serio problema que tenemos. Como pilar esencial, a Raúl del Pozo le preocupaba la educación, algo que comparto porque veo pandemia de malas maneras. Hoy no hay respeto. Este es el gran cáncer de esta sociedad, que no se preocupa por nada ni por nadie. Pasa de todo, y lo mismo le da Ucrania que el genocidio de Gaza. Esto lo sabe de sobra el poder y de ahí su tendencia a viciarse, a sabiendas de que el votante traga, y cuando toquen elecciones continuará ese más que aceptable índice del 70% de participación. Del Pozo era genial relatando lo que percibía de manera directa, pisando calle, virtud que comparto, ya que para hablar del sentir ajeno hay que intercambiar conversación en el bar, la cola del pan o el taxi. Muchos periodistas digitales no lo practican y por eso no destacan. Les interesa el “X” y el Instagram, y los personajes que aparecen ahí, influencers les llaman. Cuando sale alguno por la tele, en un anuncio de hamburguesas, pido a mi mujer que me informe sobre quién es. Tampoco lo sabe. Me hubiera gustado un Raúl del Pozo eterno, pero se ha ido en un momento en que este mundo no vale la pena. Hemos dejado muy atrás aquellos años 80 y 90 del siglo XX. Entonces daba gusto la libertad, la creación y el compromiso social con los problemas y soluciones. No queda nada. Nos lo hemos cargado entre todos. Desde los de arriba a los de abajo. Vivimos inmersos en el egoísmo y la indiferencia. Una pena. Como la marcha definitiva de Raúl del Pozo.
Sánchez ojos azules
Sánchez dirá mañana que tiene los ojos azules de Fonda o los verdes de Bronson y sus arrodillados, palmeros (de...


