La gente al otro lado del muro -tan maleducada- no valora ni asume las bondades que Sánchez sirve tacita a tacita como los buenos cafeteros de la izquierda. No soporta sus vídeos de tiktoker subido a una bicicleta que consideran trucada y ese sudor de efecto especial (solo le falta un primerísimo plano y la odiosa mosca de Cattle Corner sobre su morenita tez surcada); no le darán, tan prejuiciosos, ni tan siquiera el beneficio de la duda en su lucha por la paz mundial y la defensa del redescubierto derecho internacional, no arrullarán su dormitar progresista, su mundo feliz sin guerras, juicios, derechonas y pseudomedios. Con lo fácil que es soñarlo, porque la política idílica es un sueño y los fachas, fachas son.
La derecha al otro lado del muro -que hay que reventar, según espetó y esputó uno que fue vicepresidente cuando ya no lo era- no se traga las buenas y bucólicas intenciones de Sánchez, al que trata como un guiñapo y un guiñol movido por los dedos de otros mientras todos puedan sacar provecho. Incluido él. Hay réditos más cortos, como la franja a la izquierda de la izquierda que ya está fagocitando el sanchismo (joroba con el muñeco), y otros a la larga, como Bildu, el único que no se queja y por algo será: mejora en todas las encuestas y ve colmadas sus aspiraciones de momento. Porque quiere más. Y en Golpelandia, ¡ay Golpelandia! Ahí, cualquiera sabe, con tantos trastos, tantas cabezas y tan pocos cerebros.
Sánchez juega cartas. Todos los días le dan una mala mano, pero sigue en la mesa con esa mirada seca de tahúr de Nueva Orleans. La derecha lo cree muerto, la izquierda rival le teme y los periféricos le necesitan por el atajo de la simbiosis. No hay escenas que más le pongan que algunas de Kill Bill llevadas a la depredación política. Pero no es todavía tiempo de rojo satén. Siente indignación porque haya quien piense que habla por boca de ganso, como el vocalista de Boney M., que jamás cantó nada, solo playback y ademanes: un saltimbanqui imprescindible. El que en realidad ponía la voz era el productor.