“Ese tipo de partidos debería arbitrarlos un hombre”. Estas palabras fueron pronunciadas por el jugador de tenis Dani Vallejo, en una entrevista, tras perder un partido dentro del prestigioso Torneo de Roland Garros. La respuesta de la organización no se hizo esperar: 65.000 euros de multa, a descontar de los 130.000 ganados por el jugador paraguayo. Sin duda, tendrá mucho más cuidado en el futuro con lo que dice, porque es sabido que cuando el agravio cometido afecta al bolsillo de manera tan abultada, no digo que deje de opinar así, pero sí que se lo pensará dos veces antes de volver a pronunciar semejante sandez. Como la medida adoptada por Amélie Muresmo, directora del Roland Garros, otros muchos organismos deberían seguir este camino, bien explicado, como ha hecho ella: “La capacidad para arbitrar un partido de máxima exigencia no depende del género, sino de la preparación y la profesionalidad”. ¡Chapó! En un mundo que retrocede en tantos campos, como la paz, la educación, la tolerancia y, por supuesto, la unidad, no hay que dar nada por hecho, en este caso la igualdad. Son muchas las instituciones que creen que ya está todo logrado, a base de anuncios en televisión. Nada más lejos de la realidad. Cada dos por tres, aparece un Dani Vallejo, en cualquier país, que se pronuncia descalificando el papel de la mujer, sea en la actividad que sea. El mensaje lanzado desde París es un ejemplo para el resto del mundo. Porque demuestra tolerancia cero. Porque golpea donde más duele, como es la cuenta corriente. Y porque no son aceptables disculpas o explicaciones de que las palabras han sido sacadas de contexto. No. Esa es la cantinela de siempre, y de asumir tales argumentos no se podría hablar de un avance real en igualdad. Tal es así, que lo acontecido en París, dentro de la pista del Roland Garros, con la árbitra brasileña Ana Carvalho, quiere mandar una señal contundente al mundo del deporte, que aplaudo. Ese mensaje habla de que, ciertamente, hay avances en materia de igualdad, pero muy habitualmente nos seguimos topando con episodios de discriminación y estereotipos de género. Así que, a cortar por lo sano, mejor, con 65.000 euros de multa.
El patinador zambo
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