Uno de los mejores aspectos que vende Cantabria en el exterior es su calidad de vida junto a una nota alta en materia de seguridad ciudadana. Lo primero se está manteniendo, pero lo segundo, vivir sin sobresaltos, está cambiando. La llegada del verano supone una auténtica invasión de visitantes. No hay ciudad o pueblo que no celebre fiestas, verbenas y conciertos. Esto conlleva reforzar la seguridad, que nunca es suficiente. Sin comerlo ni beberlo, puedes verte en medio de una trifulca, querer poner paz, y terminas en el hospital con una herida grave, dada la gran presencia que ahora hay de armas blancas en manos de todo tipo de insensatos en busca de broncas. La respuesta oficial casi siempre coge el camino de asegurar que esto ha pasado siempre, y que no hay que alarmar, porque la ley y las fuerzas del orden lo tienen todo controlado. De un lado, los sucesos actuales y su reiteración no respaldan semejante optimismo. Aunque el hecho más relevante es la gran presencia de armas blancas en nuestras calles, algo que requiere asumir, para seguidamente tomar las decisiones y medidas que corten por lo sano. De cara a todos los festejos previstos, no se puede asegurar que las autoridades competentes hayan debatido la situación tal y como pinta. No es necesario citar alguna localidad concreta, su fiesta, y los heridos de gravedad contabilizados por uso de navajas y cuchillos. Es algo que se repite sistemáticamente, y que cada vez genera mayor preocupación entre la vecindad. Se hace necesario un mayor control de estas armas y de quien las porta. El caso es que, aunque el Gobierno central se muestra impotente para frenar semejante oleada de grave delincuencia, el caso es que el Ministerio del Interior lo reconoce abiertamente. Ofrece datos escalofriantes como este de que las armas blancas registradas en España han aumentado un 52% desde que empezaron a contabilizarse en 2019, para especificar que en nuestras calles hay unas 22.000 unidades. Los sindicatos policiales, que hablan de miles de continuas reyertas, también se suman a esta creciente preocupación, que no parece existir dentro de algunos ayuntamientos. Por la gravedad de los hechos, ya va siendo hora de que se pongan manos a la obra.
El patinador zambo
El día que el Supremo confirmó que el traje de rayas es de la talla de Ábalos, Sánchez se vistió...


