El día que el Supremo confirmó que el traje de rayas es de la talla de Ábalos, Sánchez se vistió de brasero y se dispuso a presentar el tiempo con cara de entendido, como cuando sube a la tribuna del Congreso pero una pizca peor por la inexperiencia. En lugar de llenar su testa -mal testada- de responsabilidad política por los largos barrotes que le han caído encima al que fuera su gran hombre de confianza en el partido y en el Gobierno, atestó su despejada y estupenda mollera progresista de isobaras, soles a conveniencia y un inmenso anticiclón político y social. En ningún momento aludió a la granizada azabache que se ha instalado en Moncloa, sobre la que transitó como un patinador zambo de la Patagonia.
El día que imputaron a dos docenas en la SEPI, Sánchez comenzó a dar consignas para que un tremendo eclipse no cegara a la intrépida ciudadanía. Porque sabido es que toda España, que es medio gilipollas, mira al sol sin gafas cuando acaece este fenómeno. El presidente, enjuto y con cara de palo pero risueña -lo cual en sí no supone un contrasentido porque nada en él lo es-, evacuó ciertos consejos astronómicos al respecto, aunque ninguno creíble a propósito de la interposición de una manada de fachas con toga entre su familia, su partido o su gobierno y el astro rey. Después se dirigió al consejo de ministros y repartió gafas de colores con cargo al presupuesto nacional: los dueños de las carteras se las pusieron con majadería y alabaron al astro temerosos de ser llamados para algún papel en Apocalypto.
El día que el hombre del tiempo fue al Congreso a pintar de azul los negros nubarrones, Patxi López se embutió en el traje de chacha y se despatarró en un quite intelectual: «Yo, con Begoña», voceó por quintuplicado. Sánchez, con la mirada perdida y un gesto de entre resquemor y desprecio, aparentó mesura y tranquilidad como José Luis Moreno cuando acariciaba al mono en ‘Torrente 2’. Pero está ofuscado y es sagaz e imprevisible porque tiene la sangre más fría que William Bonney.
Ministro Fetén
Yo de mayor quiero ser Ministro Fetén, tirarme en plancha por las redes sociales, defecar en lo barrido y miccionar...


